Qué se considera acoso, incluso sin intención
El acoso se evalúa por su efecto, no por la intención. Una conducta que una persona razonable consideraría intimidante, hostil o degradante cumple la definición, independientemente de si fue una broma. La persona afectada no necesita objetar una sola vez para que se considere acoso.
La formación que se centra en la intención lleva a los empleados a evaluar sus propios motivos y a concluir que están bien. El cambio hacia el efecto es incómodo y constituye el contenido central de la lección, porque es el punto en el que el comportamiento cambia, no la autoimagen. El material que debe omitirse del documento fuente son los detalles de casos reales: las investigaciones en curso, las descripciones identificables y los resultados son confidenciales y reaparecen con demasiada facilidad en este tipo de material.
La plantilla lo cubre en nueve escenas: dos sobre el efecto frente a la intención, dos sobre las categorías de conducta que con mayor frecuencia no se denuncian, una sobre lo que se espera de un testigo, dos sobre los canales de denuncia y su función, una sobre la protección contra represalias y una sobre lo que sucede después de presentar una denuncia.

